El dios de la guerra

13,30

De niño, Alejandro soñaba con emular las gestas de Aquiles. A los dieciocho años condujo a la victoria a la caballería macedonia contra los griegos en el Quersoneso. A los veinticinco había aplastado a los persas en tres batallas legendarias y era el amo del mayor imperio que el mundo haya conocido jamás. Cuando falleció, invicto, a los treinta y dos años de edad, no quedaban más mundos por conquistar y había superado con creces las proezas de su héroe de infancia. Ahora bien, detrás de la leyenda hubo otra historia más compleja.

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