Ladrones de tinta

6,60

Diez años después de que Francisco Robles editara la novelita titulada ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’, un tal Alonso Fernández de Avellaneda se atreve a sacar una segunda parte. Robles, furioso por que un avispado le pise un negocio por el que lleva años luchando, encarga a Isidoro Montemayor, uno de sus empleados, que encuentre al tal Avellaneda para ajustarle las cuentas.Curtido en toda clase de lances tras sus años como encargado de un garito y gacetillero de la Corte, Montemayor se mueve como pez enel agua tanto en los tugurios más inhóspitos como en los círculos literarios más selectos. Indagando en unos y otros, pronto descubre que Avellaneda no existe, sino que es un seudónimo tras el que se oculta alguien que afirma haber sido ofendido por Cervantes, a quien trata de cornudo y homosexual.A Montemayor no le queda entonces más remedio que sumergirse en el Quijote y en la vida de don Miguel para comprobar qué hay de verdad en ello y quién puede querer tan mal al maestro como para acusarlo de algo que puede llevarloa la hoguera.Mateo-Sagasta sumerge al lector en el Madrid del Siglo de Oro y plasma con maestría y lujo de detalle, así como agilidad y sentido del humor, un período único en la historia española.

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