Palabra de honor

13,23

El tío Adelino se marchó de la aldea a los muelles de Lisboa, y de allí al ancho mar. Tras su estela, el niño José decidió seguir el rumbo que le dictaba el corazón: cruzar el océano e intentar fortuna en Brasil.

Con los años se convirtió en el viejo Almada, el patriarca, un hombre de palabra, la tesela de un mosaico inmenso que fue ensamblándose de generación en generación, al otro lado del Atlántico.

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