⚔¿Cómo era la legión romana tras las reformas de Cayo Mario?
Legión romana
Roma

⚔¿Cómo era la legión romana tras las reformas de Cayo Mario?

De todas las unidades militares de la Historia la más conocida es posiblemente la legión romana. Al igual que la falange griega, la legión romana estaba formada por un núcleo de infantería pesada, fue la piedra angular de la maquinaria militar romana. Su eficacia no fue exclusiva del campo de batalla, sino que fue un ejemplo de organización y administración. Hasta tal punto que fueron los legionarios quienes articularon los territorios de frontera y difundieron la cultura romana. Sin embargo, su composición no se mantuvo imperturbable a lo largo de los siglos.

La legión romana



La victoria sobre los otros pueblos italianos sería posible gracias al paso de la formación hoplítica a la legión romana. En las Guerras Púnicas se añadiría el elemento naval. Pero los romanos siempre consideraron la flota como una extensión del combate en tierra, por lo que las tácticas quedaban orientadas al abordaje. Es por ello que la legión romana sería el núcleo del ejército romano.

¿Qué cantidad de legiones hubo? A la hora de elegir los nombres de legiones romanas se estableció la pauta de numerarlas. De este modo se sabe que hubo en torno a cincuenta. No obstante, nunca se desplegaron tantas a la vez. De este modo cuando una legión no se necesitaba era desmovilizada su número pasaba a una “reserva” para futuras unidades. Por ejemplo, la Legio XII sería movilizada por Julio César, más tarde sería denominada Legio XII Fulminata sirviendo en época de la dinastía Julio-Claudia. A finales del siglo III volvería a formarse como Legio XII Victrix.

Estandarte de la legión romana

Todos hemos visto el SPQR (Senatus Populusque Romanus) bajo las águilas. Es una de las marcas más características del ejército romano. Símbolo de poder y orgullo. Banderas y estandartes se han utilizado en todas las épocas para identificar a una unidad militar, pero en los tiempos de la guerra cuerpo a cuerpo el estandarte jugaba un papel esencial en mantener la cohesión de una unidad en el caos de la batalla.

Los estandartes de las legiones romanas que todos conocemos fueron introducidos por el cónsul Cayo Mario tras su reforma militar. Cada legión recibía un águila dorada que era portada por un aquilifer que debía protegerla con su vida. La pérdida del águila era motivo de deshonra para toda la legión.

La legión romana tras las reformas de Cayo Mario

En un primer momento, los legionarios romanos se reclutaban mediante levas. Bajo la antigua concepción del campesino-soldado, aquellos ciudadanos de Roma que dispusieran de tierras eran aptos para el reclutamiento. Esto suponía que los campesinos, además de trabajar su campos, debían prestar servicio militar. Los problemas derivados de esta práctica era el abandono del campo en tiempos de guerra y el hecho de que los soldados debían costearse su propio armamento, el cual venía fijado por su estatus social.

Las guerras de Roma estaban dejando el campo desatendido, lo cual implicaba peores cosechas y ruina para los reclutados, que perdían sus propiedades al no poder hacer frente a las deudas. Menos propietarios implicaba más tiempo de servicio para quienes aún tuvieran tierras. Agravando el problema. Las reformas de Cayo Mario, quien fue considerado por sus partidarios como el tercer fundador de Roma, le dieron la vuelta al asunto.

Propuso que los proletarii (literalmente, los que crían hijos), ciudadanos romanos sin tierras, fueran quienes formaran el núcleo de las legiones romanas. Como estos hombres eran pobres el coste del equipo militar recaía sobre el Estado. Para compensar la falta de hombres letrados, muy necesarios en la estructura del ejército romano, Cayo Mario concedió ventajas a los hombres que supieran leer a cambio de que enseñaran a sus camaradas de centuria. Además, el general prometió a los nuevos reclutas que tras la campaña recibirían un lote de tierras como pago a sus servicios. Eso hizo que el servicio militar se volviera atractivo. De este modo se pasó de necesitar tierras para ser soldado a ser soldado a cambio de recibir tierras.

Armamento de los soldados romanos



La lanza ha sido el arma más habitual en los campos de batalla. Es un arma barata, eficaz y requiere muy poco adiestramiento para ser utilizada. No obstante, la legión romana diseñó un sistema de combate basado en el uso conjunto de espada y escudo. El arma principal del legionario romano era el gladius. Era una espada corta, de medio metro de longitud y doble filo. Su menor peso respecto a espadas más largas agotaba menos a las tropas, y su hoja ancha causaba daños muy graves. Las heridas en el pecho y el abdomen eran mortales.

Con el objeto de hostigar al enemigo antes de que llegara al cuerpo a cuerpo, los legionarios romanos iban también equipados con el pilum. Se trata de una jabalina pesada que se lanzaba antes de una carga para debilitar la formación enemiga. A menudo el otro bando recogía las jabalinas y las lanzaba de vuelta a las formaciones romanas, por lo que se diseñó una punta frágil que se quebraba al impactar. Esto se atribuye también a Cayo Mario. De este modo, el enemigo no podía devolver los ataques y si el pilum se había clavado en un escudo resultaba muy difícil de liberar, por lo que el enemigo terminaba descartándolo. Una vez terminada la batalla, los herreros podían arreglar las puntas dañadas.

Armadura de los legionarios romanos

En lo que se refiere a la protección de los soldados romanos se hace necesario empezar por el escudo. En un primer momento tuvo una forma ovalada, pero fue evolucionando hasta la forma rectangular de laterales curvos que todos conocemos. Construido con tiras de madera y cuero superpuestas en perpendicular, su resistencia era muy elevada. Pese a ser un elemento defensivo, tenía el aguante necesario para usarse en ataque, desplazando al combatiente enemigo.

Lorica hamata y lorica segmentata

Lorica sementata, protección de la legíon romana durante el alto imperio
Lorica sementata

Durante el Alto Imperio se introdujo la famosa lorica segmentata. Una armadura de placas horizontales de hierro. Pese a que tiene un coste menor que la de malla los conocimientos necesarios para su fabricación eran más complejos, lo cual explica que su número fuera más reducido. La lorica segmentata coexistió con la lorica hamata hasta el siglo III, cuando la armadura de placas cayó en desuso.

Por tanto, anterior a la lorica segmentata estaba la lorica hamata. La auténtica armadura del legionario romano tanto en la República como en el Imperio. Compuesta de cientos de anillas de hierro, ofrecía buena protección frente a ataques de filo y razonable frente a otros. Su proceso de fabricación era muy laborioso al tener que unir cada una de las anillas, pero con un buen mantenimiento un legionario romano podía llevar la misma lorica hamata durante toda su vida. De hecho, antes de las reformas de Cayo Mario un campesino-soldado podía portar la misma armadura que había llevado su padre o su abuelo.

Lorica hamata de la legión romana en época republicana
Lorica hamata

Ventajas de la lorica hamata

  • Su flexibilidad es mayor.
  • Ofrece protección sobre una mayor superficie.
  • Es más duradera y fácil de reparar.
  • Proporciona buena resistencia frente a cortes.
  • Es más sencilla y rápida de equipar.

Ventajas de la lorica segmentata

  • Es más barata y rápida de producir.
  • En contra de la creencia popular, es más ligera que la armadura de malla.
  • Ofrece mejor defensa frente a flechas y golpes.

Vestimenta del ejército romano



Debido a la importancia que tuvieron las calzadas romanas debo hablar de las sandalias de la legión romana. Las caligae, de las que obtuvo su apodo Calígula, estaban formadas por tiras de cuero y suela tachonada de clavos para mejorar el agarre. Durante el invierno se llevaban junto a calcetines altos para proteger del frío.

Durante la República los romanos despreciaban los pantalones que llevaban los bárbaros más allá de los Alpes. Ellos usaban la más civilizada túnica. Pero a medida que fueron expandiendo el Imperio hacia el norte terminaron por adoptarlos en climas fríos.

Una de las vestimentas más curiosas era la capa de piel de animal que el signifer (banderizo de la centuria) llevaba a la espalda. Este era un símbolo tomado de Hércules quien mató a un león para hacerse una capa con su piel. Como dato curioso, el portador del águila, el aquilifer, no llevaba esa capa de piel.

La vida del legionario romano

Antes de las reformas de Cayo Mario los soldados eran civiles reclutados en levas. Por lo que cuando la campaña militar concluyera todos regresarían a sus hogares. Pero eso hacía imposible mantener un ejército profesional. Así que cuando los proletarii se convirtieron en legionarios romanos se hizo necesario establecer una forma de vida dedicada al servicio militar. Se reguló por tanto la vida del militar en servicio.

Pese a la exigencia del oficio y el peligro de la guerra, lo cierto es que la vida del soldado era mejor que la de muchos civiles. El legionario romano disfrutaba de dos comidas al día (almuerzo y cena) con mejores raciones que los campesinos. No existían comedores comunes, sino que cada centuria se cocinaba su propia comida y se repartía el trabajo, reforzando la convivencia con su unidad.

Los legionarios romanos no podían casarse. Sin embargo, ello no impedía que establecieran relaciones con las mujeres locales, las cuales vivían en el canabae, un campamento secundario de mercaderes, artistas y burdeles que acompañaba a la legión en su marcha. Allí los soldados podían guarecer a su familia no oficial.

El fin del servicio: licenciarse de la legión romana

En época imperial se estableció que el legionario debía servir durante veinticinco años en la legión romana.  De ahí que el reclutamiento fuera a temprana edad. Completar el período suponía la licencia con honores (missio honesta) y la obtención de un beneficio al retirarse. Este en un principio fue un lote de tierras (recompensa introducida por Cayo Mario) pero con el tiempo se sustituiría por una compensación económica. No obstante, la cesión de tierras se siguió practicando si había terreno disponible (conquistado en recientes campañas). Adicionalmente, recibían beneficios fiscales y jurídicos, entre ellos el derecho a casarse. Los centuriones y otros cargos romanos podían recibir puestos de administración en colonias de reciente fundación.

Otras dos formas de abandonar la legión era a consecuencia de heridas graves que lisiaban al soldado (missio causaria) o por comportamiento criminal (missio ignominiosa).

Estructura del ejército romano



¿Cuánto es una legión romana?

A la pregunta de cuántos soldados tiene una legión se puede afirmar que son seis mil. En teoría. Esta cantidad podía ir variando en función de la disponibilidad de reclutas y las bajas sufridas en campaña. Este número deriva de los 480 soldados de cada cohorte multiplicado por diez cohortes (aunque la primera cohorte tenía soldados extra). A las tropas se añaden los auxiliares, oficiales, ingenieros, esclavos y personal. De ahí la cantidad aproximada de seis mil para cada legión.

La cohorte romana

Cada legión se dividía en diez cohortes numeradas en orden jerárquico. Compuestas por seis centurias (480 legionarios) representaban la unidad de batalla más versátil del ejército romano, pudiendo efectuar operaciones militares como asegurar puntos estratégicos o reforzar la línea donde el enemigo ejercía mayor presión. La cohorte primera, por ser la más prestigiosa, contaba con el doble de soldados y estos se escogían entre los más veteranos.

La centuria romana

Centurión de la legión romana

Un nivel por debajo estaba la centuria romana, que se componía de ochenta hombres. No cien, contra la creencia popular. Estos ochenta hombres, entre los que se incluía el signifer, el portaestandarte de la centuria (no confundir con el aquilifer) y el buccinator (encargado de transmitir las órdenes con un instrumento de viento) componían la centuria romana, a su vez dividida en diez contubernios de ocho legionarios.

El nombre de la unidad deriva de su jefe militar: el centurión. Se les consideraba los mejores guerreros y su  sueldo era muy superior a los legionarios ordinarios. Tal era su importancia que la pérdida de un solo centurión en batalla se consideraba un duro revés. Además de líderes en combate, tenían la obligación de escuchar las peticiones de sus soldados. Al terminar la jornada, debían entregar un informe a su oficial al mando sobre el estado de la tropa y estar presentes en las reuniones de los generales.

Los auxiliares

Los auxilia eran las tropas de no ciudadanos que combatían en la legión romana. A menudo suplían las carencias del ejército romano, que eran la falta de unidades de proyectiles y caballería, por lo que arqueros y jinetes fueron las principales tropas auxiliares. Estaban sujetos a las órdenes del general romano aunque tenían su propia organización interna. Aunque tenían peores condicione y paga que los legionarios tras su servicio podían ser recompensados con la concesión de la ciudadanía romana u otros privilegios.

Rangos militares del ejército romano



Dentro de la estructura de la legión la jerarquía de mando venía determinada por la centuria donde se servía. De este modo, los oficiales de la primera centuria de la primera cohorte estaban por encima de los de la sexta centuria de la décima cohorte.

  1. Legatus legionis: el general de la legión romana.
  2. Tribuno laticlavio: lugarteniente del general romano. Se trataba de un senador más joven y de menor jerarquía que tomaba contacto con la vida militar. Muchos aspirantes a puestos de las magistraturas romanas servían como tribunos laticlavios para ganar experiencia y reputación.
  3. Praefectus castrorum: el profesional de mayor rango dentro de la legión romana. Era el administrador del campamento y se aseguraba de suministrar lo necesario a las tropas.
  4. Primi pilus: el rango más alto al que podía optar un soldado romano. El primi pilus era el centurión de la primera centuria de la primera cohorte. Una vez ejercido el cargo, el centurión podía optar al orden ecuestre, lo cual le daba acceso al cursus honorum.
  5. Centuriones: como líderes de las centurias, componían la base del cuerpo de oficiales de la legión romana.

Formaciones y tácticas militares romanas

Las primeras tropas de Roma funcionaban como falanges macedonias, pero pronto el sistema se mostró ineficaz para las guerras en Italia, por lo que se decidió adoptar la más flexible legión romana. Esto llevó al desarrollo de nuevas tácticas de combates distintas al ataque frontal y ocupación del campo de batalla que había sido habitual entre los griegos.

Castrum: el campamento romano

La velocidad era esencial para la legión romana, pero una vez llegado al destino el legionario debía seguir trabajando. Con el fin de no sufrir ataques enemigos, los romanos instalaban campamentos temporales. Siempre tenían el mismo modelo. Dos vías perpendiculares (praetoria y principalis) conformaban el trazado del campamento. En las secciones resultantes se instalaban las cohortes, siempre en el mismo lugar. El general ocupaba el centro del castrum.

Campamento de la legión romana_opt

Cada contubernio disponía de su propia tienda, y si el campamento era permanente, se construían barracones para cada centuria. Rodeando al campamento había un foso, y con la tierra extraída se levantaba un muro sobre el que se situaba una empalizada. Una vez completado, a los legionarios se les asignaban tareas como guardias, cocina o mantenimiento de los muros, caza o limpieza de letrinas.

Campamentos más permanentes, como los instalados en el limes romano, terminaban siendo de piedra. Esto suponía que fueran evolucionando hasta convertirse en el núcleo de pequeñas ciudades, en torno a las cuales crecía una improvisaba población compuestas por las familias de los legionarios y quienes hacían negocio con sus necesidades.

Triplex acies

Antes de la reforma de Cayo Mario existían cuatro tipos de soldado de infantería.

  • Hastati: infantería pesada de soldados jóvenes armada con espada y armadura de bronce. Componían la primera línea de la legión romana.
  • Principes: soldados más mayores que podían permitirse una mejor armadura.
  • Triarii: veteranos romanos equipados con lanzas. Eran una fuerza de reserva.
  • Velites: infantería ligera armada con jabalinas que hostigaba al enemigo.

Estos tipos de infantería se integraban en una formación romana conocida como triplex acies. Era tanto un orden de marcha como un despliegue de combate. Cuando la legión romana marcha, lo hacía en tres columnas. Los hastati por la izquierda, los principes en el centro y los trarii a la derecha. Una vez en el campo de batalla, el ejército giraba noventa grados a la derecha, colocando a los hastati en primera fila, los principes en segunda y los trarii en la última. Los velites se integraban en los huecos para hostigar al enemigo.

Formaciones militares de la legión romana, el triplex acies_opt

Con esta formación, el principal peso de la batalla recaía sobre los soldados jóvenes y cuando el enemigo estuviera cansado la segunda línea podía dar el golpe de gracia. Los hastati ganaban experiencia de combate y los generales podían conservar sus mejores tropas para el futuro.

Los soldados romanos tenían una expresión tan condescendiente como funesta: res ad triarios venit. Ha llegado a los trarios. Podía entenderse como que la batalla había llegado a un punto crítico porque el enemigo había alcanzado la última línea de defensa. Pero también que los veteranos iban a demostrar a los demás legionarios cómo se luchaba.

Testudo: la formación tortuga

Formaciones militares romanas

La formación tortuga es una de las más características del ejército romano. Ante una lluvia de proyectiles enemigos, los soldados romanos desplegaban un muro de escudos que cubría el frente, los laterales y la parte superior de la formación. Aunque ello implicaba un avance más lento, ofrecía una considerable protección frente a las flechas enemigas, lo que permitía avanzar con relativa seguridad. También servía como defensa en cuerpo a cuerpo si la unidad había sido rodeada.

Artillería y máquinas de guerra romanas

De un modo u otro, los griegos, egipcios y persas ya habían utilizado máquinas de guerra. Pero serían los romanos quienes la integrarían de forma permanente en sus ejércitos, especialmente en tiempos de Julio César durante la Guerra de las Galias.

La pieza de artillería más habitual de las legiones romanas fue el escorpión. Cada centuria disponía de una. Básicamente disparaban lanzas de gran tamaño a alta velocidad en una trayectoria horizontal. Su potencia era tal que podían atravesar un escudo y matar al hombre que lo portaba.

Máquinas de guerra de la legión romana

 

A los escorpiones se sumaban las balistas, versiones más grandes pero con trayectoria oblicua, que lanzaban piedras o dardos a mayor distancia. Su número era equivalente al de cohortes. Y por último los onagros, que lanzaban grandes rocas. Estos fueron un arma de asedio, no de batalla, debido a su escasa movilidad.

Si bien es cierto que estas máquinas de guerra no tenían la efectividad de la artillería moderna, ni siquiera de los cañones de avancarga de la Edad Moderna, muchos historiadores señalan que el bombardeo previo debilitaba al enemigo. Y los impactos durante la batalla podían provocar un shock que desmoralizada un sector de la línea de batalla, abriendo una debilidad que los romanos podían explotar.

Novelas sobre la legión romana

Aquí la oferta es amplia. Quizá la más representativa es La legión, una novela de Simon Scarrow. Pero puedes encontrar muchas otras en nuestra sección de novelas históricas ambientadas en Roma. También del período previo a las reformas de Cayo Mario están Las legiones malditas, de Santiago Posteguillo.

La legión, de Simon Scarrow (Novelas históricas sobre Roma)

Y tanto he mencionado a Cayo Mario que tal vez quieras echar un vistazo a la magnífica novela El primer hombre de Roma, de Colleen McCullough sobre este general y sus innovaciones militares. Realmente soberbia.

El primer hombre de Roma, de Colleen McCullough (Novelas históricas Roma)

Si te ha gustado el artículo sobre la legión romana tras las reformas militares de Cayo Mario o tienes alguna pregunta no dudes en dejar un comentario debajo. Y si conoces más novelas sobre las legiones romanas que crees que deberíamos incluir también puedes decírnoslo.

 

Carlos Pérez Casas es historiador, profesor y escritor. Cursó Licenciatura en Historia por la Universidad de Zaragoza y Máster en Historia Contemporánea por la misma institución. Escritor de ciencia ficción, también ha hecho una incursión en la novela histórica con "El alguacil" una historia de tragedia sobre el Aragón rural del siglo XII.

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