La rebelión de Espartaco
Roma

⚯ La rebelión de Espartaco: siete generales contra un gladiador

“Era un tracio que no era tracio”. Así iniciaba Colleen McCullough el primer capítulo de Espartaco en su novela Favoritos de la fortuna. Un personaje fascinante. Gladiador y esclavo que desafió a Roma y durante dos años marchó sobre Italia propagando una rebelión de esclavos. Por ello el nombre de Espartaco todavía resuena hoy en día. Y hoy hablaré sobre la rebelión de Espartaco, sus personajes y los extraordinarios acontecimiento de este periodo.

La rebelión de Espartaco

¿Quién fue Espartaco?



La esclavitud era parte esencial de la economía romana. Canteras, minas y terrenos agrícolas empleaban un gran número de esclavos. Estos también eran utilizados en el servicio doméstico hasta el punto de que algún ciudadano de escaso estatus podía llegar a tener un esclavo. Pero existía un tipo concreto de esclavo muy apreciado: el gladiador. Y el gladiador más famoso de todos está claro quién fue: Espartaco, el esclavo rebelde.

La biografía de Espartaco es confusa. Hay quien afirma que era un bárbaro ignorante, un simple bandido o un antiguo auxiliar de las legiones romanas, que la mujer de Espartaco era una profetisa o que provenía de una noble familia helénica que le permitió erigirse como líder de la rebelión. De Espartaco se dicen muchas cosas, a menudo contradictorias, pero sí es seguro dónde empezó la leyenda.

La escuela de gladiadores de Léntulo Batiato

Los combates entre gladiadores se habían convertido en un espectáculo público. Frente a la creencia popular, no siempre eran a muerte. Había ocasiones en las que se parecía a la lucha libre. Todo espectáculo y coreografía. Y otras veces corría la sangre. Para adquirir las habilidades necesarias para sobrevivir en la arena existían las escuelas de gladiadores, lugares donde los comerciantes de esclavos vendían a individuos escogidos para aprender el oficio de gladiador. Y en la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato empezó la rebelión de Espartaco.

La historia y la leyenda de Espartaco aseguran que era tracio. Pero lo cierto es que así se denominaba a muchos gladiadores no por su origen sino por el estilo de lucha en el que se les instruía. Así que puede que Espartaco solo fuera tracio en su estilo de lucha.

Lo importante es que en el año 73 a.C. un grupo de gladiadores logró escapar de la escuela de Léntulo Batiato. Durante su huida tuvieron la fortuna de encontrar unos carros con equipo para gladiadores y con sus nuevas armas se dedicaron a saquear villas y aldeas.

La rebelión de Espartaco se extiende

Bandidaje es lo primero que los ciudadanos de Roma asociaron con el esclavo Espartaco. Él, erigido como cabecillas de la revuelta, y sus seguidores se dedicaron a saquear víveres. Sin embargo, pronto se supo que el botín se repartía de forma igualitaria y, atraídos por las promesas de riqueza, muchos esclavos, desertores y campesinos empobrecidos se unieron a la rebelión de Espartaco.

La rebelión de Espartaco
Espartaco en la estatua de bronce de Denis Foyatier

Su número fue creciendo hasta que pronto las ciudades del sur de Italia tuvieron miedo de esa turba de gladiadores y esclavos. Tal era su tamaño que despertaron el interés del Senado de Roma, por lo que los esclavos optaron por refugiarse en las escarpadas laderas del Vesubio.

Espartaco derrota a Claudio Glabro

Roma no atravesaba su mejor momento. La dictadura de Sia había dejado secuelas: en oriente Licinio Lúculo combatía al rey Mitrídates del Ponto y Pompeyo Magno estaba luchando contra Quinto Sertorio en Hispania. De modo que el Senado entregó a Claudio Glabro una fuerza de tres mil soldados sin experiencia para acabar con la revuelta de esclavos.

Estas tropas pusieron sitio a los seguidores de Espartaco, controlando el único acceso a la montaña. O eso creían.

Aprovechando unas viñas silvestres, los gladiadores de Espartaco construyeron unas escalas con las que descendieron la montaña. Seguro de su superioridad, Glabro no había levantado un campamento y fue derrotado.

El ejército de los esclavos



Un segundo ejército romano, dirigido por el pretor Varinio, también fue derrotado y con los pertrechos capturados la rebelión de Espartaco se convirtió en un ejército de esclavos. Un año después de su huida de la escuela de Léntulo Batiato los seguidores de Espartaco superaban los cuarenta mil.

La mayoría procedía de los latifundios del sur de Italia, donde la mano de obra esclava era habitualmente utilizada por los grandes terratenientes. Esta población vio grandes incentivos para sumarse a la revuelta de Espartaco. No obstante, ninguna ciudad, ni siquiera tras el resentimiento hacia Roma por la Guerra de los Aliados (91-88 a.C.), se unió a la rebelión de Espartaco.

Sin embargo, el ejército de esclavos se había convertido en un problema muy grave y en el año 72 a.C. los dos cónsules romanos, Lucio Gelio y Cneo Léntulo, fueron enviados para hacer frente a la amenaza.

La muerte de Crixo y los gladiadores romanos

Puede que la rebelión de Espartaco fuera demasiado grande para alojarse en un solo lugar. Quizá había discrepancias entre sus líderes. Sea como fuere Crixo, uno de los lugartenientes de Espartaco, se separó de la fuerza principal y fue atacado por las legiones de Gelio.

En el monte Gargano se produjo una masacre en la que Crixo y sus seguidores fueron exterminados. Sin embargo, Espartaco atacó por separado a los dos cónsules y los venció a ambos.

Un sangriento homenaje a Crixo siguió a estas batallas. Espartaco dispuso que trescientos prisioneros romanos se enfrentaran a muerte como si fueran gladiadores. Poco después se dirigiría al norte de Italia.

De vuelta al sur

En los alrededores de Módena les salió al encuentro Cayo Casio, gobernador de la Galia Cisalpina, a quien también derrotaron. El camino a través de los Alpes hacia Galia y Germania (tierra natal de muchos esclavos) estaba despejado.

Para sorpresa y temor de los romanos la rebelión de Espartaco dio la vuelta para dirigirse de nuevo al sur. Por un momento se pensó que pretendía saquear Roma y el recuerdo de Aníbal se cernió sobre la ciudad. pero los esclavos carecían del equipo necesario para esa empresa y siguieron avanzando hacia el sur.

El rico Craso contra el gladiador Espartaco

Marco Licinio Craso, el hombre que puso fin a la rebelión de Espartaco

Marco Licinio Craso tenía fama de ser el hombre más rico de Roma. Además de tierras poseía inmuebles en Roma, era prestamista y tenía tratos tanto con los mercaderes como la rica clase de los equites (caballeros). Había aprovechado la dictadura de Sila para enriquecerse y con esa fortuna e influencia logró que el Senado le encargara eliminar la rebelión de Espartaco.

Pese a su riqueza, no reclutó personalmente a las diez legiones que formaron sus fuerzas. No se hizo rico despilfarrando. El Senado pagó seis de ellas y las otras cuatro eran los restos de las fuerzas de los cónsules derrotados.

Pero este formidable ejército tenía miedo. Y Craso lo sabía, por lo que se mostró cauteloso. Pero Mummio, uno de sus generales, creyó ver una oportunidad y atacó a Espartaco con sus fuerzas. El ejército romano huyó sin apenas luchar.

Enfurecido por lo ocurrido Craso recuperó el castigo, ya en desuso, de diezmar a las tropas. Uno de cada diez hombres fue apedreado hasta la muerte por sus otros nueve compañeros. A partir de ese momento temerían más huir que luchar contra la rebelión de Espartaco.

El muro de Craso y los piratas



En el invierno de 72-71 a.C. Craso logró arrinconar a la rebelión de Espartaco en Reggio, al sur de Italia. Desde allí los esclavos negociaron con piratas un transporte hasta Sicilia. Estos tomaron el dinero de Espartaco pero nunca cumplieron su promesa. Para empeorar las cosas,  Craso había construido un muro para encerrar a los esclavos.

El duro invierno se cebó con la rebelión de Espartaco.

Con un nuevo golpe de efecto, Espartaco y los suyos lograron atravesar el muro y huir. Sin embargo, el enorme ejército de Craso los arrinconó. La batalla final estaba a punto de empezar.

La derrota y muerte de Espartaco: crucifixiones en la Via Apia

Crucifixión de la rebelión de Espartaco

En abril del año 71 a.C. el ejército de Marco Licinio Craso y la rebelión de Espartaco se enfrentaron en el campo de batalla. Cuentan que Espartaco degolló a su caballo y dijo: «Si venzo tomaré un caballo de mis enemigos; si pierdo, no lo necesitaré». Pero esto no fue suficiente para animar a los suyos. El propio Espartaco murió mientras intentaba acercarse a Craso. Y la rebelión de Espartaco fue exterminada.

Queriendo dar un castigo ejemplar, Craso ordenó que los seis mil esclavos supervivientes de la batalla fueran crucificados en la Via Apia, entre Capua y Roma.

Pompeyo destruye los restos de la rebelión de Espartaco

Aquellos que lograron huir de Craso se toparon con el ejército de Pompeyo Magno, que acababa de desembarcar en Brindisi. Fueron aniquilados. De este modo Pompeyo pudo robar parte de la gloria a Craso, su rival político, quien recibió una ovatio como recompensa por su papel en el fin de la rebelión de Espartaco.

Novelas sobre la rebelión de Espartaco

Mucho se ha escrito sobre el período tardorrepublicano, el más famoso de la época romana. Y la rebelión de Espartaco no es una excepción. Existe una de esta historia escrita por Howard Fast concentrada en un solo volumen.

Espartaco, de Howard Fast (Novelas históricas sobre Roma)

Una versión más moderna y convertida en bilogía es la adaptación de Ben Kane sobre la rebelión de Espartaco. Una sobre su vida como gladiador y su huida. Más una segunda parte sobre cómo se g¡fragua su ejército de esclavos. Y su leyenda.

El gladiador, de Ben Kane (Novelas históricas sobre Espartaco)

Hasta aquí este artículo sobre la rebelión de Espartaco. Si te ha gustado no dudes en dejar un comentario o hacer alguna sugerencia. También puedes visitar nuestra sección de novelas históricas ambientadas en Roma. O estar al tanto para nuevos artículos. ¡Nos vemos!

Carlos Pérez Casas es historiador, profesor y escritor. Cursó Licenciatura en Historia por la Universidad de Zaragoza y Máster en Historia Contemporánea por la misma institución. Escritor de ciencia ficción, también ha hecho una incursión en la novela histórica con "El alguacil" una historia de tragedia sobre el Aragón rural del siglo XII.

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