Es el año 490 a.C. Tras la revuelta de Jonia las ciudades griegas de Asia Menor están bajo el control del Gran Rey Darío I. Para castigar a los griegos que ayudaron a los rebeldes, el rey persa se lanza a la invasión de Grecia, pero en la Batalla de Maratón es derrotado por los atenienses. Ahora es el año 480 a.C. El nuevo Gran Rey es Jerjes y lanza sus enormes ejércitos contra Grecia. Para contenerlo, se organiza un ejército en el desfiladero de las Termópilas. Pero cuando la batalla parece perdida, Leónidas y trescientos espartanos mantienen la posición para que el resto de los griegos puedan escapar. Así comienza la leyenda de los 300.

La batalla de las Termópilas: el sacrificio de Leónidas

En 480 a.C. se produjo una derrota que la historia inmortalizaría. Un reducido ejército de soldados griegos sería aplastado por la maquinaria militar persa. Sin embargo, esa derrota causó un gran daño a los orientales y sirvió para ganar tiempo y organizar la defensa de Grecia. Y el artífice de esa leyenda no fue otro que Leónidas, diarca espartano, que sacrificó su vida para defender el paso de las Termópilas. Pero, ¿qué hacía ahí? ¿Por qué los persas habían invadido Grecia? ¿Y por qué lo habían hecho con tan formidable ejército?

Antecedentes a la Batalla de las Termópilas

La revuelta en Jonia

La historia comienza décadas antes de las Termópilas. Hacia 540 a.C. el imperio persa de Ciro el Grande llegó hasta Asia menor y las ciudades griegas allí asentadas rindieron pleitesía al Gran Rey, que decidió respetar su autonomía, gobernadas por tiranos a los que podía controlar. Pero su sucesor Darío I estaba interesado en el trigo y la madera de Grecia, necesario para crear una flota con la que controlar la ruta de oro de los escitas en el Mar Negro. Pero sus exigencias se toparon con Aristágoras, tirano de Mileto.

Esta polis lideró una revuelta contra los persas que no logró triunfar. La ayuda continental que los jonios esperaban por parte de la Grecia continental fue reducida: veinte barcos atenienses y cinco de Eubia. Los espartanos estaban enzarzados en disputas internas y no les interesaba Asia Menor. Darío se impuso sobre los jonios y luego centró su atención hacia quienes les habían ayudado.

La batalla de Maratón

Como represalia por su ayuda a las ciudades de Asia Menor, Darío I ordenó invadir Grecia. Hipias, último tirano de Atenas junto a su hermano Hiparco, aconsejó al Gran Rey, a quien ahora servía como consejero, que desembarcara en Maratón, cerca de Platea, para amenazar Atenas por el norte. Los atenienses salieron a su encuentro.

El resultado sería la Batalla de Maratón donde diez mil griegos, fundamentalmente atenienses y plateos, se enfrentarían contra veinticinco mil persas y saldrían victoriosos. Se alejaba así el peligro persa que pareció desaparecer con la muerte, años más tarde, de Darío I.

La Batalla de las Termópilas

Sin embargo, Jerjes estaba decidido a vengar la derrota sufrida por su padre. De modo que organizó un gigantesco ejército (las cifras varían entre ciento cincuenta y doscientos cincuenta mil soldados; aunque Heródoto lo exagera hasta 1,7 millones de persas) con el que marchó hacia Grecia. Mientras los preparativos tenían lugar, Jerjes envió embajadores a las ciudades griegas para pedir Tierra y agua. Esta era la tradicional fórmula de sumisión persa.

Pese a la creencia popular, no todos los griegos se unieron contra los persas. Algunos estados griegos se mantuvieron dubitativos y neutrales, mientras que otros lucharon junto a los persas. Macedonia (aunque técnicamente no era parte de Grecia) era un estado vasallo del Gran Rey. Y Tebas, profundamente enemistada con Atenas, se puso del lado de los persas.

Pero en general los griegos hicieron causa común. Nadie puso en duda que los espartanos debían liderar la lucha, los homoioi eran educados desde la infancia en el arte de la guerra y el combate. El problema era que mientras se producía la invasión se estaban celebrando las fiestas espartanas de la Carneia. Y los espartanos, celosos de las costumbres, no movilizaron el ejército.

Leónidas desobedece

Ante lo crítico de la situación Leónidas, uno de los dos reyes de Esparta, decidió reunir una guardia personal de trescientos espartanos y marchar a la guerra. También marcharon seiscientos ilotas para atender a sus amos, a los que la Historia olvidó. Los espartanos escogidos estaban entre los mejores guerreros que tenían hijos varones, para que su estirpe familiar continuara en caso de fallecer. Con esta acción, Leónidas no enviaba al ejército a la guerra. Sin embargo, el rey en persona había atentado contra las costumbres y el juicio le aguardaría cuando regresara a Esparta.

El lugar escogido para la defensa frente a los persas era el Valle de Tempe. Allí se habían congregado tropas de distintas ciudades griegas hasta llegar a los siete mil hombres. Pero solo los espartanos eran soldados profesionales. Además, Leónidas vio que era un lugar difícil de defender y marchó hacia otro más propicio.

El desfiladero de las Termópilas y el cabo Artemision

Este paso medía kilómetro y medio de largo pero solo unos quince metros de ancho (treinta en algunos puntos). Era un punto fácilmente defendible. Y tenía la ventaja adicional de que el desfiladero negaría a lo persas la superioridad numérica. A la entrada, había un antiguo muro de unos dos metros de altura que Leónidas ordenó reparar en cuanto llegaron. En ese estrecho terreno, la falange espartana sería imbatible.

El muro de los 300 en la Batalla de las Termópilas

Obviamente, el muro no estaba hecho de cadáveres persas.

Los espartanos no ignoraban el único punto débil de las Termópilas. Se trataba de un paso que discurría entre las colina hasta alcanzar la retaguardia griega. Para evitar que los persas se aprovecharan de ello, envió a los soldados de Fócida a protegerlo mientras la fuerza principal se mantenía en el paso.

Mientras los defensores se preparaban otra batalla tenía lugar no muy lejos de allí. En el cabo Artemision, la flota ateniense hostigaba a la espartana para impedir que desembarcara. Pese a infligir cuantiosas bajas, mayores tras desatarse una tormenta, los de Atenas no lograron impedir que el gran ejército de Jerjes llegara a la costa, por lo que se retiraron. Ahora todo dependía de Leónidas y los defensores de las Termópilas.

Jerjes y Leónidas en las Termópilas

Durante tres días, los persas no atacaron. Es posible que Jerjes creyera que los griegos terminarían por huir ante la magnitud de su ejército pero no se puede descartar la posibilidad de que el Gran Rey negociara con los defensores. Quizá al propio Leónidas se le ofreció convertirse en sátrapa de Grecia una vez fuera parte del Imperio Persa. Esta idea no es descabellada debido a que los gobernadores provinciales en los territorios persas eran designados a dedo por el Gran Rey, quien podía cambiarlos en cualquier momento. Pero Leónidas rechazó entregar las armas y según Plutarco dijo: “Molon labe” (Ven a buscarlas).

O quizá Jerjes quería tiempo para organizar a sus tropas. Por un motivo u otro, la batalla se retrasó hasta el cuarto día. Ese fue el momento donde el gigantesco ejército persa se enfrentó al comandado por el rey espartano.

La falange griega contra los persas

Las órdenes de Jerjes era la de capturar vivos a cuantos griegos fuera posible, incluido Leónidas. Los persas confiaron en su superioridad numérica pero sufrieron cuantiosas bajas mientras que los griegos apenas tuvieron caídos. Algunos historiadores de la época lo atribuyeron a la superioridad moral de los griegos libres frente a los supuestos esclavos del Gran Rey, pero la verdad tras el éxito residía en la falange griega.

La formación hoplítica de la falange en la Batalla de las Termópilas

Las tropas persas se estrellaban contra un muro de lanzas y escudos. Las tácticas militares griegas se basaban en el control del terreno y el uso de infantería pesada. La razón estaba en la formación en falange que permitía a cada soldado luchar en solidaridad con sus camaradas y mantener una línea firme. En un terreno abierto no tenían suficiente movilidad y eran vulnerables a la caballería persa. Pero la orografía de Grecia era propensa a las montañas y colinas que favorecían este tipo de formación hoplítica. Nada podían hacer los orientales con su armamento ligero (escudos de madera y armadura ausente) frente a los pesados escudos de bronce. Menos aún contra los veteranos espartanos.

El segundo día de lucha no estaba interesado en prisioneros y Jerjes decidió enviar a los Inmortales. Este cuerpo de 10.000 soldados recibía el nombre de la inmovilidad de su cifra. Cuando uno caía era reemplazado por otro, manteniendo siempre diez mil guerreros frente a los espartanos. Esta unidad de élite tuvo mejor suerte contra los griegos, pero tampoco lograron quebrar su defensa.

La traición de Efialtes y el fin de la Batalla de las Termópilas

Esa misma noche un hombre de la zona llamado Efialtes se presentó ante el Gran Rey con información sobre el paso de las Termópilas. Tras recompensar al traidor, Jerjes envió parte de su ejército para que rodearan a Leónidas y los suyos. Los foceos que custodiaban el sendero lucharon contra los persas pero acabaron huyendo. Leónidas, viendo que la derrota era inminente, ordenó a los griegos que se retiraran mientras él mantenía el terreno. Su sacrificio sería elogiado en toda Grecia.

Con la batalla ya perdida, Leónidas parece que dijo su famosa cita. “Hombres, desayunad bien pues cenaremos en el Hades”. Abandonando la posición defensiva, los griegos salieron a campo abierto, muriendo en gran número. Pero también hubo muchas bajas entre los persas, por lo que Jerjes ordenó que los espartanos murieran a manos de los arqueros. Tras la batalla, el cuerpo de Leónidas sería mutilado como represalia.

La historia real sobre Leónidas y los 300 espartanos

No quedaron solo 300 espartanos para combatir la batalla final. La verdad es que las fuerzas totales de las que disponía Leónidas el último día fueron los restos del contingente espartano, sus esclavos ilotas y setecientos tespios. Algo menos de mil soldados contra todo el ejército persa. Aunque la historia recordaría a Leónidas y sus trescientos. Tenía más gancho.

¿Qué ocurrió tras la Batalla de las Termópilas?

Tras la derrota en las Termópilas, toda Grecia central quedó a merced de los persas. Estos aplicaron diversas medidas de represión o tolerancia en función de cuál había sido su actitud hacia los persas. Gracias al tiempo ganado por Leónidas y sus trescientos espartanos, la ciudad de Atenas fue evacuada. Es posible que esta evacuación hubiera sido planeada de antemano, pues se produjo con rapidez.

Esta retirada permitió salvar gran parte de la población de Atenas (que fue saqueada por los persas) y la flota, que tendrían un papel decisivo en la Batalla de Salamina. Más tarde, con la flota persa diezmada y el Gran Rey de vuelta a Persia para sofocar una revuelta, los restos de su ejército (todavía muy numeroso) lucharían en la Batalla de Platea, donde serían completamente derrotados por los griegos. Así terminaba la Segunda Guerra Médica y Atenas ya fijaba su interés en liberar las ciudades de Asia menor.

El paso de las Termópilas hoy en día

Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces. Dos mil quinientos años, más o menos. Si la Batalla de las Termópilas se librara hoy en día, el ejército persa no necesitaría a Efialtes para vencer. El aspecto de las termópilas actualmente es consecuencia de la erosión y los sedimentos. El mar ha retrocedido y donde antes había un desfiladero ahora hay una carretera, separada del mar por una planicie.

Las Termópilas hoy en día

No obstante, es una zona de interés turístico. Y allí existe un memorial a Leónidas y sus 300. De hecho, son dos memoriales. El más moderno es un monumento a Leónidas con la inscripción griega Molon labe. El otro, de la época clásica, es una sencilla lápida de piedra que dice “Ve a decirles a los espartanos, extranjero que pasas por aquí, que, obedientes a sus leyes, aquí yacemos”.

Novelas sobre la Batalla de las Termópilas

Si te ha gustado este artículo te invito a dejes un comentario con tus opiniones o dudas. Y si quieres leer un libro sobre el tema aquí tienes alguna sugerencia. El primero es Puertas de fuego, de Steven Pressfield. Las Guerras Médicas son el escenario de esta novela que sigue los pasos de un espartano superviviente de las Termópilas. Siguiendo sus pasos conoceremos el desarrollo del período con un punto de vista muy cercano a los persas.

Puertas de fuego, de Steven Pressfield (Novelas históricas Grecia y la batalla de las Termópilas )

En Talos de Esparta, de Valerio Massimo Manfredi se narra la Batalla de las Termópilas dentro de una historia que narra tanto las guerras médicas como las continuas revueltas de los ilotas.

Talos de Esparta, de Valerio Massimo MAnfredi (Novelas históricas sobre Grecia y la Batalla de las Termópilas)